Durmió abrazado a la almohada y soñó con ella.
No con la almohada, claro, con la chica. Soñar con almohadas
no protagonizaría un relato que muchos quisiéramos leer. Sería sucio y propio
de un degenerado…Y no es nada romántico a menos que no seas ese japonés que se
casó con su almohada, en ese caso me retracto de todo, porque lo de ese señor
era puro amor. Pero nuestro protagonista no era japonés.
El caso es que soñó con ella de la forma más tierna que
jamás había soñada con una mujer. Ni con un hombre, claro. Alguna vez había
soñado tiernamente con animales, pequeños cachorritos y demás, pero con hombres
nunca de manera tierna. Presuponemos que las opciones sexuales, en el fondo, no
son un constructo.
Soñó cómo le tomaba la mano con descaro y ella, en vez de
retirársela, apretaba. Fue jodidamente bonito ese momento tácito en el que
ninguno de los dos tuvo que decir nada para saber lo que estaba pasando. Claro
que era un sueño, ¿no? Es decir, normal que ambos supieran lo que iba a pasar
si pertenecían a la mente de una sola persona.
No es por quitarle romanticismo a la historia, cuidado, es
solo por aclararlo.
Estuvieron durante horas (o lo que parecieron horas)
agarrados de la mano, hasta que ella pasó el brazo de él por su espalda. Un
abrazo. Pero sin soltarle la mano.
Y entonces ocurrió, claro. El beso. Si no llega a ocurrir,
vaya gracia. Tampoco se sorprendió mucho de que ocurriera así, joder era su
sueño, si no llega a ocurrir vaya mierda de preparación.
No fue llamativo, es como cuando vas al cine, sabes quienes
se van a acabar besando y sabes que, aunque sobre, en el largometraje habrá un
beso. Reminiscencias de cine clásico. Estupideces para adolescentes.
Generadores de dinero.
Aunque, definitivamente, nadie iba a pagarle por ese beso.
Así que simplemente lo disfrutó.
Luego, como solo en un sueño puede acontecer, ocurrieron
millones de cosas absurdas. Regalos escondidos bajo un sofá, amigos que salen
del baño mientras otro continúa sentado en la taza, un amigo con la cara de
otra persona…en fin, sueños. Pero pasara lo que pasara lo realmente bonito fue
que no se soltaron la mano en ningún momento.
La putada fue despertar, como siempre. Abrió los ojos y le
pareció la mayor putada del mundo, como el día en que se enteró que los chicles
Boomer habían desaparecido. Joder, durante dos segundos nada tuvo sentido.
Luego se le pasó. Sonrió y se quedó abrazado a la almohada
un rato, esperando a que las conexiones cerebrales le hicieran contacto para
poder levantarse y continuar con su vida normal, ojeroso y despeinado.
Imaginaos que os pasa eso, menuda putada.
Jajajaja.
Qué pringao.