miércoles, 23 de octubre de 2013

De mayor quiero ser...

Hace horas que salió de su casa y ya empieza a refrescar, pero aun no ha llegado al supermercado y tiene que ir, debe ir. A sus nietos, que hace semanas no pasan por casa, les gustan las galletas de chocolate y se han acabado. En la despensa solo hay tres paquetes. No serán suficientes.
A pesar del surco que dejan sus pesadas gafas sobre los laterales de la nariz, anda por la calle entre espejismos borrosos que, supone, son personas.
"Hola" le dicen de lejos
"Hola" responde.
"¿Qué tal vas con los ejercicios?"
Ahh, ahora cree saber quién es. Una vecina, no mucho menor que ella, pero lo suficiente como para que se note. Hace días le recomendó que, durante quince minutos al día, abriera y cerrara las manos, apretando, para mantener en movimiento las articulaciones. No recordaba siquiera si lo había hecho laguna vez.
"Muy bien, muy bien hija" responde, "mira, mira" . Mueve la mano. Abre y cierra lo que antaño fue una mano tersa, áspera por el trabajo, pero cargada de calor. Arruga y arruga cada vez mas los dedos. "Hago así y muevo la mano, me viene muy bien".
"Claro, claro, mujer, sigue que verás que bien"
Seguro que tu ridículo ejercicio consigue engañar a la naturaleza, piensa, seguro que puede hacer que lo que ya no sirve para nada encuentre un nuevo uso. El engaño del reciclaje. 
 Se despiden y sigue el camino. El supermercado.
No recuerda que vino a comprar. Pero en casa siempre necesitan pan. Por si su hijo viene a comer.
Allí se encuentra con una antigua amiga, vecina de toda la vida y la saluda.
Su amiga, temblorosa, trata de meter productos en una bolsa. Le ha respondido al saludo con un leve movimiento de cejas. No la ha reconocido. No importan los años compartidos, las tardes de merienda, las partidas de cartas. Al final, el tiempo compartido es garantía de olvido.
Al lado, su marido, agarra con las axilas sus dos muletas mientras sigue metiendo productos en otra bolsa. Movimientos violentos, rápidos. No precisos.
"Pon la bolsa así" grita a su mujer. Coloca una docena de huevos XL en el fondo, para que apoye sobre la superficie metálica y levanta los bordes de la bolsa. Su mujer los arruga y baja. Él grita y los vuelve a subir. De nuevo movimientos violentos y duros. "Haz como te digo" Que yo se. Esto último no lo dice, pero lo piensa. Se le cae una muleta.
"Me cagüenlaa"
Nuestra señora se acerca y recoge la muleta.
"Gracias, gracias" balbucea el hombre, sin mirarla.
Está harto de cargar con su mujer. Que ya no es su mujer. Recuerda cuando eran jóvenes, lo guapa que era. Cuando empezó a envejecer no importaban sus arrugas, las manchas de sus manos ni las canas. Seguía siendo la mujer que amaba.
Ahora es solo un trozo de carne arrugado sin consciencia, que se tambalea de aquí para allá, a un ritmo insultante, y que no sabe hacer nada. Pero que intenta hacerlo todo. Una maldita carga.
"Que majos eran" Piensa. "Hacían buena pareja" EL tiempo pretérito de la oración no ha sido escogido por casualidad. Pero a nadie importa su opinión.
El hombre paga y sale de allí lo mas rápido que le permiten sus muletas, aun así, bastante rápido. Su mujer se dirige a la puerta y allí se queda. Derecha o izquierda, no sabe. No recuerda cómo se va a su casa, pero sabe que en medio de la puerta automática estorba. Así que sale, en alguna dirección.
"Voy a ayudarla" murmura...pero...
¡Galletas de chocolate! Acababa de recordar para qué había salido de casa. Sonríe pensando en sus nietos y se recorre todo el supermercado buscando las galletas, que estaban a la entrada.
Cuando llegue a casa guardará las galletas junto al resto de paquetes y se hará la cena. Verá la televisión y se irá a dormir, evitando pasar frente a un espejo. Evitando pensar.
Y así, todos los días. Como quien lee revistas que no le interesan en la sala de espera de un médico. Por hacer algo, esperando que llegue tu turno. ¡Y qué cojones! Llevas horas esperando y ves como gente que ha llegado mas tarde que tú entra primero. 
Así que sigues con las revistas, cada vez mas asqueado, cada vez con menos interés. 

Hasta que llegue tu turno.

martes, 22 de octubre de 2013

Pintura


Sobre el ser
Sobre la realidad cotidiana.
Sobre lo primitivo y las concepciones creadas.
sobre el choque entre necesidades biológicas y culturales.
Sobre la negación continua y la contradicción.
Sobre la moral.
Sobre el comportamiento racional.
Sobre el individuo y su relación con el otro y con si mismo.

viernes, 18 de octubre de 2013

El arteólogo y la lejanía de la obra de arte

  Desde las vanguardias, muchos de los movimientos artísticos han tratado lo que solemos denominar "la problemática del arte". Arte que habla de arte. Cada vez con un mayor hermetismo, hasta que finalmente se cerró el círculo.
  El aprendizaje del arte se basa en su estudio, un repaso histórico y periodístico de lo que se ha hecho y lo que se está haciendo, respectivamente. Y con esos conocimientos sesgados el creador trabaja en su propia obra, basada así únicamente en convencionalismos del arte. El artista ya no existe.
  El nuevo artista ya no es un creador como tal, es (somos) un estudioso del arte, un científico, un "arteólogo". El nuevo artista realiza experimentos prácticos con una finalidad tan difusa como es la comprensión del arte. Todo este encapsulamiento de los conocimientos del artista es lo que hace (desde hace ya mas de un siglo) que la obra de arte se aleje, poco a poco, del disfrute general. Lo desarrollo.
  El arte, como campo de conocimiento, debe ser un lugar de élite intelectual, al igual que lo es la medicina, la física, la ingeniería, el derecho,la biología, la jardinería, la mecánica, etc, etc. Hay mucho que aprender y asimilar como para que podamos hablar de "acercar el arte al público", a la masa,a la plebe, a la chusma obrera, cuando ésta no tiene el conocimiento necesario.   Ahora bien, comprensión y disfrute no tienen por que ir de la mano y sin embargo, se han vuelto un binomio inseparable en lo que al arte se refiere. Aunque saber acerca de algo ayuda a disfrutarlo, puedes disfrutarlo y punto, sin conocer nada previamente, como disfrutamos de los puentes y los aviones, o de los parques y jardines, por ejemplo. En el arte esto ya no ocurre así. No.
  El entendimiento queda reservado para los que nos dedicamos de lleno a este campo concreto de conocimiento. Pero no tenemos derecho a quitarles la posibilidad del disfrute de una característica cultural a aquellos profanos.
  ¿Dónde está el problema entonces? ¿En la obra de arte? No es autónoma. El problema es del creador. El problema es del arteólogo que sabe de arte y nada más. El creador que ha olvidado su faceta cultural, que ha olvidado que debe ser etnógrafo, antropólogo, historiador y psicólogo. Todo a la vez.
  El arte ha sido un reflejo del momento sociocultural en el que se desarrollaba. Siempre han ido de la mano. Pero para que esto sea así el artista debe vivir en su momento y así, sea cual sea la temática que escoja, el carácter de su obra y la evolución de la misma avanzarán conjuntamente a la sociedad. Pero les hemos amputado las manos y ya no pueden agarrarse mutuamente.
  El artista ya no vive su momento. El arteólogo medio ha confundido el significado de la palabra "élite" a la que me refería anteriormente y se cree por encima, literalmente, en el aspecto cultural, del resto de la población: desprecia sus gustos y modus vivendi per sé. Juzgan que existe buena y mala cultura; esto no es así, existe cultura. Punto. Cultura creada o cultura impuesta, en cualquier caso cultura aceptada por la población y, por tanto, cultura descriptiva de la misma.
  Si el artista no vive su tiempo no puede llegar a la población no especializada de su momento. Sus obras estarán lejos. Muy lejos, como ahora ocurre. 
  No ocurre así, aunque me pese, con el artivismo político o feminista, porque tratan la realidad que interesa a la población, lo que les preocupa, lo que les define.

  Por todo esto mi obra trata de lo cotidiano, muy lejos de la vida poética. Independientemente de las características especialmente pictóricas o propias de la "arteología" que apreciarán los letrados en este mundo hermético, el que no pertenezca a la élite artística podrá disfrutar (o no) sin complicaciones lo que en mi pintura presento. Porque lo reconocen. Lo pueden hacer propio. Lo entienden. Y no se trata, ni mucho menos, de simplificar nada o volverlo profano. Jamás.
  Solo hablo de su(mi)contexto,su(mi)realidad, su(mi)día a día, su(mi)vida.

  El arte vuelve a estar dentro de la sociedad.

sábado, 12 de octubre de 2013

Está ahí.

De entre las sombras, tras la reja del recinto, aparece. Su ojo derecho brilla en la noche y el izquierdo, cegado tras una bruma blanca, mira a través de ti. 
Se resbala con la piedra mojada pero, de alguna manera, actuando contra su naturaleza, se acerca a mi. Y me mira. Confía en mi, maúlla y me choca la mano con su pequeña patita suave y negra. Tengo prisa, me voy.

Dos días mas tarde aparece por la zona, me agacho y acerco mi mano. Me reconoce, se que me reconoce y viene directo a mi. Es un guerrero y un sabio. 
De igual forma que se pasea entre mis piernas con majestuosidad, mas tarde, y con total naturalidad, se entretiene con los cordones de los zapatos, actuando como el cachorro que es. No me saca las uñas. Y me vuelve a mirar con esos ojos. Esos ojos tiernos. Esos ojos tenebrosos. Esos ojos divertidos. Esos ojos aterradores.

Me hace jugar con él, quedarme embelesado. Más tarde recuerdo que soy alérgico a los gatos, que no me gustan, que los rechazo. Más tarde, después de haber conseguido que jugara maravillado con semejante criatura. Más tarde, me doy cuenta de que es él quien ha jugado conmigo.