sábado, 12 de octubre de 2013

Está ahí.

De entre las sombras, tras la reja del recinto, aparece. Su ojo derecho brilla en la noche y el izquierdo, cegado tras una bruma blanca, mira a través de ti. 
Se resbala con la piedra mojada pero, de alguna manera, actuando contra su naturaleza, se acerca a mi. Y me mira. Confía en mi, maúlla y me choca la mano con su pequeña patita suave y negra. Tengo prisa, me voy.

Dos días mas tarde aparece por la zona, me agacho y acerco mi mano. Me reconoce, se que me reconoce y viene directo a mi. Es un guerrero y un sabio. 
De igual forma que se pasea entre mis piernas con majestuosidad, mas tarde, y con total naturalidad, se entretiene con los cordones de los zapatos, actuando como el cachorro que es. No me saca las uñas. Y me vuelve a mirar con esos ojos. Esos ojos tiernos. Esos ojos tenebrosos. Esos ojos divertidos. Esos ojos aterradores.

Me hace jugar con él, quedarme embelesado. Más tarde recuerdo que soy alérgico a los gatos, que no me gustan, que los rechazo. Más tarde, después de haber conseguido que jugara maravillado con semejante criatura. Más tarde, me doy cuenta de que es él quien ha jugado conmigo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario