martes, 17 de septiembre de 2013

Real

¿Qué esperabas? ¿Qué esperabas, gilipollas?
Tanto que te jactas de la lógica y de lo obvio, tanto que te adelantas a todos los acontecimientos, tanto que ya nada puede sorprenderte.
¿Qué esperabas?
Una capucha para alejar el frío y esconder la vergüenza. Has perdido. Jugaste a medio gas en dos competiciones simultáneas y ninguna podía salir bien.

Tú, el ganador, el dios, el superhombre nietzscheano que pasa por encima de todo. Anhelaste la nada y la nada obtuviste. Porque eres nada.
Nada somos y nada importas. Inútil y mezquino, rastrero y cruel. ¿De qué te sirve tu mente rápida ahora? ¿Y tú capacidad para la ironía cruel? ¿Dónde están tus frases ahora, eh?
Silencio.
Pero en serio, ¿qué esperabas?

Deseabas pisar fondo y ahora miras el cielo a través de la mierda, bien hundido en ella. Tu mierda. Tus engaños. ¿Cómo ibas a salir de ahí tan fácil? ¿En serio? ¿Lo creíste? Quien juega con la discordia obtiene el caos, regodéate en él pues vas a estar un tiempo en su compañía.
Zoquete incompetente.
Cuando no tenías nada que perder actuaste a tu libre albedrío, pero los que aun tenían algo son los únicos que se mantienen cuando todo acaba.
Ahora ya no tienes nada. Se acabaron los juegos.
De verdad, amigo, ¿Qué esperabas?


Despídete de todo hasta que consigas escalar, si no te atrapan, claro.

Pero por todos los dioses, ¿Qué pensabas?

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