domingo, 8 de julio de 2012

De la sociedad que nos espera...

Ayer por la noche, sábado, había quedado con unos colegas en un lugar habitual de encuentro nocturno en Sevilla.
Dicho lugar es una plaza, y en uno de sus lados hay un hueco entre el fin de la plaza propiamente dicha (delimitada visualmente por bancos y árboles) y los edificios colindantes. Es un lugar perfecto para aparcar motos. Todos los que vamos lo hacemos, los que viven allí y no tienen plaza de aparcamiento lo hacen, el dueño del bar de la plaza lo hace.
No es legal, claro, pero no molesta a nadie, la policía lo respeta y existe un acuerdo tácito por el cual ese hueco queda libre para las motos y los que tenemos motos no molestamos y ocupamos otros lugares de la plaza ni, por supuesto, tapamos una puerta de entrada al edificio.


Este tipo de acuerdos tácitos eran lo único que hacían que pudiera mantener una pequeña esperanza sobre el ser humano, la sociedad y, especialmente, el individuo.


Ya no


En la plaza había unos niños jugando al fútbol, eran las 21:30 o 22:00 y los padres estaban en el bar. Una escena típica, de esas que dan vida a la ciudad.
Eran tres niños, dos pequeños de entre 7 u 8 años y uno mayor, con 10 u 11 años, grande, gordo y abusón.
Usaban como portería los dos árboles que se encuentran en los extremos del improvisado pero aceptado aparca-motos y nosotros, amables pero firmes les dijimos que tuvieran cuidado con las motos. Mirábamos a los padres y ellos pasaban, si había que decir algo a los niños se lo gritaban desde la mesa del bar.
En varias ocasiones los niños, especialmente el gordo, metieron balonazos fuertes y los padres, desde su búnquer de metal ruidoso y alcohol abundante les gritaban que tuvieran cuidado. Obviamente los niños no hacían caso.
Especialmente el gordo.


No deberías ser tan duro con el pobre niño, Prieto. Sí, debo serlo. Era gordo. Si alguno de mis lectores lo es, lo siento, pero no tengo respeto ni piedad por las personas cuya obesidad no se deba a una enfermedad.
Es importante este niño, porque explica mucho sobre la actitud de los padres con los que tendría una discusión 15 minutos más tarde. (uy! spolier)
Este niño le dio una patada en la boca a su hermano pequeño y, mientras el agredido iba a pedir explicaciones al árbitro, el agresor tomó la pelota y se alejó lo más que pudo.
Papi-árbitro empezó a gritar, pero la amonestación no surgió efecto. Así que fue a tomarle del brazo, pero el niño, aun gordo, corrió mientras le insultaba y se puso detrás de una valla. Se había ganado la roja directa, como yo me la gané alguna que otra vez...directamente marcada en la cara la silueta de la mano de mi madre, en un magenta bermellón muy gracioso.
Pero deber ser que el reglamento ha cambiado.
La amonestación fue leve, al banquillo un rato y ya estaba jugando de nuevo a los 10 minutos.


Bravo. Bravo. Bravísimo.


Los balones seguían llegando, cada vez con mayor violencia, hacía las motos o hacía el otro extremo del campo de juego. Finalmente y sin que extrañase a nadie, el balón se acercó, con velocidad y trayectoria recta hacia mi moto.
La matrícula sale volando.
Mi mejor amigo, un hombre de 1'80, que hace ejercicio casi diario (maldito copiota), que ha visto demasiadas películas y series de moteros y mafia, pero que mantiene la decencia de un diplomático británico (una mezcla explosiva eh!) fue directamente ha hablar con los padres de los niños: los responsables legales y los responsables educativos.
Mientras yo tomaba la matrícula del suelo y controlaba a Hulk.
Difícil tarea.
Por si alguien no se ha percatado las motos tienen una sola matrícula, es decir, que por un momento me vi sin forma de irme a casa salvo en grúa. Adiós noche divertida con colegas.
Afortunadamente, con la pericia mecánica de un colega conseguimos enganchar la matrícula por un tornillo y así volver a casa con tranquilidad.


Volvamos a la historia:
Nos acercamos a los respetables adultos y lo que nos encontramos es a tres hombres y dos mujeres. Uno de los hombres quería apaciguar la situación, en un alarde de sentido común, dándose cuenta de que eramos más y mas jóvenes; otro, el dueño del bar, era un cabrón diplomático con el que tuve una entretenida batalla dialéctica al más puro estilo victoriano: sonrisa por delante, puyazo por detrás, pero conseguimos entendernos y aceptamos las partes de culpa (pero él no era responsable de ninguno de los niños, así que no me vale) y finalmente el tercer elemento, el padre del niño gordo: primero quiso arreglar las cosas pagándome la matrícula (no soy su niño, señor, no pude parar mi rabieta comprándome chuches) y después solo quería defender a su hijo alegando que las motos no se pueden aparcar ahí.
También había dos mujeres, una que no quiso levantarse y la otra la madre del niño gordo. ¿Conocéis a esas marujas que se creen en posesión de la verdad y que discuten con acritud chulesca porque saben que jamás van a recibir una hostia merecida, porque es ilegal y tiene las de ganar? Pues eso. Una señora que solo quería defender a su niño, que no quiso pedir perdón, que me culpaba por dejar la moto ahí y que amenazaba con llamar a la policía. Se las tuvo que ver con el tipo duro, duelo de titanes.
Sinceramente menos mal que estaba el dueño del bar y que consiguió aplacarme. Si no de ahí salimos mal. Muy mal.
Aun me río con el argumento: tu no tienes que tener la moto ahí aparcada. Y eso ya anula por completo la lógica de decirle a los niños que se pongan en los dos árboles de al lado por si acaso le dan a una moto. Claro, como es ilegal que estén ahí, ¡vamos a romper matrículas y espejos! Porque respetarnos es demasiado para la sociedad del "tengo derecho" y la prohibición, claro.
Y cuando digo eso el padre del niño gordo me dice: ¿Y dónde se ponen? ¿Qué pasa que no pueden jugar los niños?
No recuerdo haber dicho eso, caballero, solo que no jueguen donde es potencialmente peligroso para los bienes (caros, muy caros) de otras personas.
Pero es que si se ponen donde tú dices, me responde, dan al edificio y se quejan los vecinos.
¡Vaya! entonces mejor que rompan motos, que, primero hacen de parapeto para que no de al edificio (los típicos daños estructurales inmobiliarios por culpa de balonazos son muy peligrosos) y, segundo, con suerte no estarán los dueños cerca de las motos y no se enterarán de nada.
Bah.


Pues, finalmente, tuve que agachar la cabeza, sin recibir una disculpa, con la matrícula de la moto en la mano.


¡Viva!


Las conclusiones no las voy a sacar yo, que ya lo hice in situ, las vais a sacar vosotros, si es que alguien me está leyendo.


Lo más gracioso es que presento esta escena a los implicados y seguramente dirían que: "¡hay qué ver! no hay derecho" o "ya no hay educación".
Hipocresía por todas partes.




PD: la matrícula parece arreglada.



7 comentarios:

  1. Yo lo digo siempre: Será nuestra misma generación, "libertaria" y "antiautoritaria" formada desde finales de los 80 y principios de los 90 los que pidamos a gritos una policía fascista y represiva en el futuro para poder controlar a nuestros propios hijos, ingobernables y sin respeto hacia nada.

    Somos la frontera entre el "procuro darle lo mejor a mis hijos porque yo lo pasé mal de joven y vivimos la represión franquista y quiero que mi hijo sea consciente de ello, blablabla" al "Dame dame dame, soy tu hijo y soy un pozo sin fondo de caprichos y necesidades que tienes que colmar porque soy TU responsabilidad"

    Gente que te dice abiertamente y con chulería que "si a mí no me afecta, me la pela", que su interés personal y su "felicidad" (deberíamos pararnos a analizar qué quieren decir con eso de felicidad) son pilares sagrados e inviolables que nadie (ni padres, ni leyes, ni policía) te pueden quitar. Nada de cultura del esfuerzo y el sacrificio, nada del ideal de solidaridad, nada de autorrealizarte haciendo algo útil para la sociedad. Es la cultura del iPhone gratis por decir que te cambias de compañía, de que sólo el compadreo te hace avanzar en la vida, que lo importante no es hacerlo bien o mal, sino cobrar un pastizal por ello. Si puedo ganar sin trabajar, mejor que mejor. Y así nos va.

    La verdad es que tu historia es un claro reflejo de todo esto que pasa hoy en día (y pasó y seguirá pasando) aquello de "defender lo mío porque es mío, independientemente de llevar razón o no". Nada más destructivo en valores civilizados que este tipo de actitudes, una actitud 100% española. Junto con el "y tu más" son 2 de los males endémicos con los que tendremos que bregar toda la vida.

    O esperemos que no...

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    1. A riesgo de parecer idiota, yo en esta escena sólo veo unos padres con ganas de divertirse entre ellos mismos y como consecuencia se despreocupan de sus hijos una noche.

      Uno de los críos los mete en un lío, y a la mezcla de la situación se le añade un desagrado espantoso al ver que quien reclama explicaciones es un joven. Se la soplan los jóvenes, si hubieras tenido 40 años bien que te hubieran escuchado, Prieto. Una situación que podría haberse repetido hace 5, 10, 15 años.

      Creo sinceramente que es así de simple y que sobran las alusiones al franquismo.

      No sé, tendréis que explicarme qué es exactamente lo interesante sociológicamente hablando de la historia.

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    2. Jojojo, voy a tener que poner que no me hago responsable de los comentarios que se exhiban y mucho menos de las conclusiones que se saquen de ellos.
      Yo no he hablado de franquismo.

      Tranquilo, no pareces idiota, solo un simple.
      Tienes toda la razón, si hubiera tenido más edad y no fuese potencial beneficiario de descuentos por carné universitario me hubieran tomado más en cuenta.
      Lo interesante sociologicamente es la falta de respeto. Siempre ha habido de ésta, pero, en los tiempos actuales es casi una característica inherente de la sociedad. Creo que Pedro ha definido de forma maravillosa la actitud del ciudadano de a pie, repásate el 2º y 3º párrafo que ha escrito.

      Mi historia no descubre nada, solo demuestra. Los hijos son una responsabilidad y, en esta sociedad en la que solemos eludirlas (a menos que den beneficios a corto plazo), esas personas dejaron a sus hijos al libre albedrío sin recordar que la responsabilidad de lo bueno o malo que puedan hacer seres de entre 8 y 11 años es suya y que, por tanto, si quieres pasar un buen rato con tus amigos uno de tus ojos debe estar siempre atento a los niños.
      Es lo mismo que hago cada vez que voy con mi perra por la calle, puedo dejarla mas o menos libertad pero jamás permitiré que moleste a alguien y me haré cargo de todo lo que haga.

      Falta responsabilidad, esa es la conclusión sociológica. Es ya conocida, claro...pero lo ilustro con un ejemplo.

      Franquismo? en serio? Es que sigo sin verlo por ninguna parte.

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    3. Con lo del franquismo me refería al segundo párrafo del comentario de Pedro. Perdón, debí dejarlo claro.

      Ahora déjame hacerle un reanálisis a la historia que tal vez no te satisfaga.

      En un principio has admitido que no era un lugar legal para estacionar vehículos. Los acuerdos tácitos tienen poca validez entre gente que no los conoce, y puede que los padres de los hijos lo conocieran o puede que no. En este punto es de sentido común tener cuidado con las cosas de los demás, pero igualmente uno se expone a un riesgo.

      Por otra parte, y en esto estoy tanteando en la oscuridad porque tendría que ver el sitio, las plazas son los escasísimos lugares donde los niños pueden jugar libremente. Son espacios amplios abiertos y sin vehículos, cosa no muy común en las ciudades. Este lugar garantiza en cierta medida que los padres puedan descansar sin esperar ningún disparate por parte de los niños, y están destinadas para este propósito:proporcionar un lugar tranquilo y transitable.

      ntonces y desde el momento en el que la no te ampara, estás en peor posición para reclamar responsabilidades, y más cuando la función de la ley es ,precisamente, evitar este tipo de situaciones.

      Luego la balanza no está tan desequilibrada como das a entender, no se puede exigir a la gente la responsabilidad de los riesgos que uno mismo corre.

      Y vale, es cierto que una disculpa y un escarmiento hubiera sido lo correcto, pero si analizar esta escena como un suceso totalmente común y repetible sin nada especial es de gente simple, desproporcionar las culpas es aún más básico.
      --

      Conste que no estoy en desacuerdo con lo que decís, es la situación la que no me cuadra.

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    4. No voy a contestar si no conoces la plaza y la situación, porque es básico. En ese lugar se aparcan motos siempre porque, como he explicado, ahí no molestan para nada, incluso el dueño del bar de la plaza (que se encontraba entre los padres) deja la moto ahí, por tanto tu primera premisa queda anulada: conocían el acuerdo.

      En la plaza queda mucho hueco para jugar, no habíamos anulado con nuestra actitud arrogante de jóvenes moteros el único lugar de juego posible. Jamás.

      Bien,entonces das a entender que la próxima vez que vea una moto en un lugar no acreditado puedo liarme a patadas con ella, porque, aunque mi acto sea feo, gana el que el vehículo esté en situación ilegal...estaríamos empatados, según tú.
      Por favor....

      Vuelve a leer el párrafo donde sale la palabra "franquismo", a ver si lo analizas bien y no sacas las cosas de quicio.

      Creo que, en general, queda poco mas que apuntar.

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    5. Comentaré dos cosas por último. No es que quiera tener la última palabra, es sólo que no me quedaré en paz si no aclaro dos puntos:

      - No debí decir "sobran las alusiones al franquismo", porque podría parecer que he pegado un bote en un arrebato de sensiblería política lanzándome al teclado, y no es eso. Lo que yo quería decir es que este suceso lo considero desligado de cualquier tipo de inercia cultural. El franquismo en especial me sonaba a una cosa lejana y anticuada y pensé que sobraba del todo incluirlo.

      - Las faltas de responsabilidad están muy ligadas a las faltas de respeto, porque sólo se asumen responsabilidades con aquellas personas que nos imponen o nos importan(no digo que sea así siempre ni que sea lo correcto, pero es una norma general). Y esto no es inherente de la sociedad, sino ya de la naturaleza humana. Porque si hay algo destacable del suceso es ese torrente de odio e impertinencia cuando alguien que consideran inferior les exige retribución, de forma que lo único que quieren es aferrarse a la ignorancia y ser fuertes en su opinión. Lo sé porque he representado ese papel. He sido el niño gordo, el padre que compra a sus hijos, el que insiste en "ahí no se aparca", la mujer maruja... bueno, no, esa última no.
      Y por supuesto, también el chaval de la matrícula en la mano. Pienso que estos personajes han estado ahí siempre y los hemos ido intercambiando alguna que otra vez. Y es una sensación inevitable, una estúpida manera de actuar tan susceptible de las circunstancias que no puedo evitar verme en su situación y dejarlo correr.

      Claro que a medida que pasen los años espero suprimir la actitud que aquí denuncias al menos de mí mismo.

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  2. Exacto, solo expongo un ejemplo, claro y cristalino, de una realidad que has descrito muy bien.
    Esto seguirá así, o no...ahí entramos en los "what if?"...y es un terreno fangoso y complicado.
    Me quedo con el ahora y el futuro cercano, cuando esos niños criados así de bien serán los jóvenes estudiantes y trabajadores que deben avanzar y levantar el país.
    Esto no puede desembocar en anda bueno.
    Pero yo, por ahora, me río.
    No queda otra.

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