Esta vez seré breve, duro y sincero.
Lo humanos tenemos límites.
Límites que nos evita hacer todo lo que se nos ocurra, límites que nos hacen precisamente humanos. Sin esos límites seríamos dioses, pero desgraciadamente solo somos las marionetas de los mismos.
Débiles
Porque tenemos límites.
Me entra una risa nerviosa cuando escucho que uno puede hacer lo que se proponga, la risa que brota cuando sabemos que algo va mal y es irreparable.
Irreparable porque tenemos límites.
Límites físicos, límites mentales.
Si eres cojo no compitas a nivel profesional en atletismo.
Si eres feo no sonrías como un conquistador en las discotecas.
Si eres gordo no te compres ropa talla S.
Si tienes el pene pequeño no seas actor porno.
Si eres pobre no te compres un coche de alta gama.
Si eres nulo con la visión del espacio no hagas escultura e instalación.
Si eres negro no entres en un local nazi.
Si vives en una loma arcillosa sobre el lecho de un torrente no esperes una vida sedentaria occidental.
Si no eres inteligente no estudies.
Intentar superar los límites es un juego perdido, un camino de desesperación que no merece la pena por mucho que nos acosen en televisión y revistas mujeres sonrientes, suficientemente maduras como para crear confianza, pero jóvenes como para estar medianamente atractivas, que "si quieres, puedes".
Intentar crear una falsa confianza para superar la expandida actitud de desencanto personal.
Un desencanto personal creado precisamente por intentar hacer y tener lo que no podemos.
Ser consciente de nuestros límites es ser conscientes de nuestra humanidad, ser conscientes del "yo" más básico. Y entonces, solo entonces, podrás empezar a esforzarte con la seguridad de que recibirás frutos, y no frustraciones. Y entonces, solo entonces, sabrás como actuar en tu vida y como enfrentarte a las situaciones a las que te enfrentes. Y entonces, solo entonces, podrás atisbar una vida mas sencilla.
Pero seguirán vendiéndote una falsa realidad de dioses, caerás, volverás a frustrarte hasta que solo quieras dejarlo todo e irte al campo a vivir de la tierra, que Ella decida por ti, dejarte en manos de los dioses, aceptando tu debilidad y mísera humanidad.
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