Si viésemos a Joviano apenas repararíamos en él. Es un hombre de mediana edad, alrededor de un metro y ochenta centímetros, de pelo moreno.
Realmente nunca supe qué significa mediana edad, quiero decir, todos lo decimos, pero ninguno sabemos a qué nos referimos. Quizás hablemos de cuarenta años, aunque un cincuentón aleatorio no admitiría que lleva diez años fuera de la franja media de su vida, así que se consideraría a si mismo de "mediana edad".
Para no herir sensibilidades pondremos al señor Joviano alrededor de los cuarenta y cinco años.
Joviano tiene una familia, como se presupone de un hombre de su edad. Tiene una mujer y una hija. Su mujer es entre uno y dos años menor que él, como es adecuado y su hija veintisiete años menor. Ninguna de las dos es especialmente guapa pero cuando Joviano conoció a su mujer no podía aspirar a nada mejor y acabó queriéndola. El novio de la hija, sin embargo, piensa que es una chica interesante y que tiene buenas tetas. Suficiente.
La esposa trabaja en una oficina y Joviano, tras años cobrando el paro, es ahora barrendero.
Si viésemos a Joviano apenas repararíamos en él. Aunque veríamos su llamativo traje fosforescente, naranja y verde, no repararíamos sen él. Es solo un barrendero.
A los cuarenta años Joviano decide que no ha hecho nada con su vida y que es hora de cambiar. Joviano está sufriendo la crisis de los cuarenta, la crisis de la mediana edad. Los síntomas más claros en hombres suele ser la necesidad de sentirse jóvenes de nuevo y la búsqueda de nuevas experiencias que se han perdido con la edad o que en su día no pudieron experimentar.
Sólo un 10% de la población sufre semejante crisis, pero aún así un 80% asegura sufrirla.
Joviano no va a ser menos y la sufre.
Siempre ha sido un hombre sensible, un hombre que iba a museos esporádicamente, que guardaba alguna revista de fotografías espectaculares y tenía cierta soltura con las nuevas tecnologías. Y es barrendero.
Pero Joviano no volverá a tener ese problema. Joviano no volverá a ser barrendero. Joviano es despedido.
Nuestro hombre, de metro ochenta y pelo oscuro, con unos vaqueros y un polar de montañismo, se dirige cabizbajo a la agencia de empleo, es un tránsito conocido, aunque cuando él solía pasarse por la oficina había menos gente. Situado entre un hombre de color, al que llamaremos Motombo y otro varón de rasgos magrebíes, al que llamaremos Mohamed, Joviano espera su turno.
Joviano piensa en lo ridículo que suena decir "hombre de color" mientras se mira el antebrazo derecho, de un tono tostado por el Sol. Sin embargo sabe que decir "negro" puede sonar peyorativo. Aunque Joviano no sabe que existe la palabra "peyorativo".
Ahora Joviano trae alrededor de 500 euros mensuales. Es insuficiente para el nivel de vida que se habían planteado, pero no importa, con unos arreglos pueden vivir bien, a fin de cuentas su mujer, que no es muy guapa, sigue trabajando en la oficina.
Sentado en el sofá, jugueteando con las zapatillas entre sus pies descalzos, Joviano toma una decisión. Va a estudiar una carrera.
Con cuarenta y cinco años y en el paro estudiará. Aparentemente es una acción loable, va a continuar su formación educativa para optar a un puesto de empleo con mayor responsabilidad, pero Joviano no piensa en eso, Joviano piensa en lo que siempre quiso hacer y no pudo, Joviano actúa desde la crisis de la mediana edad. En caso de que haya quedado mas o menos claro qué es la "mediana edad".
Al menos un 15% de los alumnos de Bellas Artes son adultos de vidas asentadas que deciden suplir las carencias de sus tediosos trabajos y aburridas vidas conyugales en el fantástico, abierto y cargado de nuevas experiencias mundo del arte.
En la familia de Joviano no hay dinero, pero presentando la cartilla del paro la matrícula de la universidad es gratuita. Para él y para su hija. Así que haya va, a gastarse el dinero público en un arrebato de juventud.
Lo que Joviano hizo dentro es sencillo de explicar. Nada.
Quiero decir, nada de provecho, pero finalizó al carrera limpia, en cinco años, con una media alta, menos en algunas asignaturas de dibujo y pintura de primero. Pero no pasa nada, porque, a diferencia de sus compañeros, Joviano tiene una vida detrás, una experiencia que le avala y un feeling natural con los profesores, cercanos a su edad.
A Joviano le gustaba la fotografía y, como he dicho, no era muy bueno dibujando, así que se especializó en diseño. Diseño es una carrera que podría estar aparte de Bellas Artes, que debería estar aparte, cuyos profesores, siempre limpios y estirados, no soportan ni toleran a los sucios artistas. Pero diseño está dentro de la carrera para tener cualificación universitaria.
La hija de Joviano, cuyas tetas no resultaron suficientes para mantener a su novio, pero sí para continuar una vida sexual activa, también hace Bellas Artes.
Cuando ella termina, cansada de la carrera y ansiando entrar en el mundo laboral, a ser posible en algo que tenga que ver con la carrera en la que ha invertido tiempo y esfuerzo llega una felíz noticia a casa.
Joviano ya no cobra el paro.
Joviano ahora tiene trabajo.
Joviano se dedicará ahora al diseño web.
Su hija a entrado a trabajar en un establecimiento de comida rápida y da clases de pintura a dos niños pequeños. Aunque normalmente los niños son pequeños, así que podría decir que da clases a dos niños.
Su compañero de trabajo,un chico sonriente que se ha fijado en lo apretado que le queda en el pecho el uniforme rojo del local, estudió un módulo de diseño web. Pero se lía con los pedidos y sabe que no lo renovarán a los tres meses, aunque no el importa, porque hace tiempo echó el curriculum en una empresa con una vacante y solo fueron a la entrevista él (joven cualificado, ansioso por aprender y trabajar) y un señor mayor.
De mediana edad.
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