“Hola”
Decía.
“Hola”
Repetía algo más fuerte.
Se
movía de aquí para allá, probando suerte. “Hola”, dijo mirando fijamente a los
ojos a ese chico moreno. Nada. “¡Hola!” repitió con efusividad a la chica de la
esquina, la cual, él juraría, la conoce. “Hola”.
No.
De
alguna manera se había vuelto transparente, como si no perteneciese a esa
dimensión. Parecía que nadie pudiera verle, ni oírle, ni sentirle de ninguna de
las maneras que un humano puede sentir. Elegid vosotros el número de sentidos
que hay, para así no entrar en conflicto
con lo científico o lo paracientífico.
Aún
así no se daba por vencido, seguía yendo de un lado a otro, de grupo en grupo,
saludando. “Holaaaa”
Insistió
más con aquellos que mejor conocía. O al menos con aquellos que él recordaba
más conocía. Aunque visto lo visto, no pondría la mano en el fuego por su
afirmación. “Holaa, ooyeee, hola”.
Nada.
Deja
de intentarlo, pensó, está claro que no se puede. No cabía otra respuesta,
venía de otra dimensión, vivía en un mundo paralelo al de ellos, aparentemente
misma realidad, pero nada que ver. Mundos distintos.
O
eso, o le estaban haciendo oídos sordos. Pero eso no es propio de los colegas,
¿verdad? No, los amigos jamás harían como que no existe, los amigos no ignoran.
Estaba claro.
Así
que sin más, se marchó.
Ya
habrá alguien en su misma dimensión.
A
lo mejor había cambiado de dimensión sin darse cuenta, al dormir, en un
estornudo fuerte, o en un ataque de tos. Volver sería fácil.
También
pudiera ser que ellos hubieran cambiado y se les hubiera olvidado avisarle,
claro, era muy posible. Se habrían olvidado. Jamás hubieran pasado de él,
¿verdad?
Los
amigos no hacen eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario