domingo, 5 de enero de 2014

Rotura espacio-tiempo

“Hola” Decía.
“Hola” Repetía algo más fuerte.
Se movía de aquí para allá, probando suerte. “Hola”, dijo mirando fijamente a los ojos a ese chico moreno. Nada. “¡Hola!” repitió con efusividad a la chica de la esquina, la cual, él juraría, la conoce. “Hola”.
No.
De alguna manera se había vuelto transparente, como si no perteneciese a esa dimensión. Parecía que nadie pudiera verle, ni oírle, ni sentirle de ninguna de las maneras que un humano puede sentir. Elegid vosotros el número de sentidos que hay, para así no entrar en  conflicto con lo científico o lo paracientífico.
Aún así no se daba por vencido, seguía yendo de un lado a otro, de grupo en grupo, saludando. “Holaaaa”
Insistió más con aquellos que mejor conocía. O al menos con aquellos que él recordaba más conocía. Aunque visto lo visto, no pondría la mano en el fuego por su afirmación. “Holaa, ooyeee, hola”.
Nada.
Deja de intentarlo, pensó, está claro que no se puede. No cabía otra respuesta, venía de otra dimensión, vivía en un mundo paralelo al de ellos, aparentemente misma realidad, pero nada que ver. Mundos distintos.
O eso, o le estaban haciendo oídos sordos. Pero eso no es propio de los colegas, ¿verdad? No, los amigos jamás harían como que no existe, los amigos no ignoran. Estaba claro.
Así que sin más, se marchó.
Ya habrá alguien en su misma dimensión.
A lo mejor había cambiado de dimensión sin darse cuenta, al dormir, en un estornudo fuerte, o en un ataque de tos. Volver sería fácil.
También pudiera ser que ellos hubieran cambiado y se les hubiera olvidado avisarle, claro, era muy posible. Se habrían olvidado. Jamás hubieran pasado de él, ¿verdad?

Los amigos no hacen eso.

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