miércoles, 25 de diciembre de 2013

Al menos había buena música.

Fuera, el frío era insoportable.
A pesar de ser la madrugada del sábado, apenas había gente en la calle y los que quedaban estaban excesivamente inundados de alcohol, algo que, al menos, les otorgaba la falsa sensación de estar entrando en calor.
Sin embargo dentro se estaba muy agusto. Hacía incluso bochorno. Las luces estroboscópicas blancas, rojas y verdes creaban una sensación violenta que acompañaba a la música y que creaba toda una nueva realidad de fotogramas independientes, un stop motion de tu propia vida.
Ella se encogía al bailar, débil como un pajarito, como si se acurrucara en el sonido. En una mano un vaso a terminar, casi tan grande como ella, y la otra a media altura, miraba de vez en cuando con sus dos ojos marrones.
Joder qué ojos.
Resulta ridículo especificar que miraba con los dos ojos. Por si alguno imaginaba que era tuerta.
Se acercaba, se alejaba, sonreía y volvía a ponerse seria. Parecía aburrida. Qué coño, estaba aburrida, pero se mantenía ahí por algún motivo.
Pasito a la izquierda, pasito a la derecha.
Cada vez mas cerca, tanto que podía oler su maquillaje.
Sus mejillas eran suaves...Bueno, como casi todas las mejillas femeninas, quiero decir, siempre se alaba la suavidad de la piel de una mujer en concreto, pero en realidad todas son suavísimas. Especialmente si esa noche antes de salir se han duchado y preparado para la ocasión.
Aún así, a pesar de lo común de la sensación, en el momento me sorprendió su tacto.

A lo largo de la noche se siguió acercando y alejando, cada vez mas cerca, cada vez más cerca, hasta que, aburrida, se alejó del todo.
No la puedo culpar. Se estaba aburriendo hacía tiempo y no ayudé, digamos, a incrementar su entretenimiento.
- ¿Salimos fuera a buscar a éstos? - gritó muy cerca de mi oído para hacerse entender.
Cuando salimos "éstos" volvían a entrar. La chica arrugó la cara todo lo que los altos pómulos le dejaban, en clara señal de fastidio, pero le apetecía fumar.
- Se me ha acabado el tabaco.
Hice el amago de dejarle el mío.
- No, no se liarlo.
Pues yo te lo lío, no pasa nada.
- No, déjalo...Bueno, sí, venga. No se.
Le hice el cigarro con más decisión de la que ella demostró al pedírmelo. Joder qué frío. Fuma rápido y volvemos dentro, aquí fuera no se puede estar mucho tiempo. Me angustiaba solo de pensar en la vuelta a casa, si ya no me respondían los dedos de las manos.
- Ya, creo que me voy a ir ya a casa. - dijo ella, de medio lado, en tres cuartos, mirándome de reojo con esos grandes pozos marrones.
"Yo también, te acompaño"; "esperate y voy contigo"; "no te vayas, quédate, me lo estaba pasando bien"...No se, posibles respuestas hay muchas ante esa situación, algunas mejores que otras, claro, pero la variedad es amplia. De eso no puedo quejarme.
Pero se ve que lo convencional no va conmigo...
Tomaba el cigarro con elegancia y fumaba de boca, como una estrella de cine clásico. Casi pude verla en blanco y negro.
- Vale, bueno, no se. Pues ten cuidadito, ya nos veremos.

Premio.

Tuve la sensación de que caerían globos de colores, confetis y una piñata.
O mas bien que yo sería la piñata, apaleada por una horda de niños crueles, armados con palos, ansiosos de averiguar si estaba relleno de caramelos.
Pero de mi interior sólo manaría estupidez.
Así que nada. Como cabía esperar y jamás debe hacerse, no insistí. Nos dimos la vuelta, y cada uno tomó su camino.

Con brusquedad.

Por suerte, luego, en el interior del local, la música era genial.


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